Ph. Ferrater

ESTILO

Cuando Margarita Nuez creó su firma de moda, en España las mujeres de clase media empezaban a trabajar. Secretarias, recepcionistas, profesoras; mujeres que rompían moldes y llevaban su propia lucha hacia la independencia y la libertad.

Ph. Ferrater

Guerrilleras. Así las llama Margarita Nuez cuando se le pregunta para quién diseña.

Mujeres dinámicas, ocupadas, con sentido práctico y vida social. Mujeres modernas de entonces y de ahora.

Las guerrilleras desfilan en todas sus colecciones. Llevan esa mezcla de creatividad y sentido común, de sencillez y sofisticación, de vanguardia y elegancia que define la moda de Margarita Nuez. «Un diseño funciona cuando todo está en armonía. La silueta, el color, todo encaja con la persona que lo lleva.»

En su trabajo se adivina la búsqueda, la valentía, lo experimental como una forma de hacer evolucionar la moda. No usa freno. Su primer pantalón lo cortó en redondo. «Pensé que así no tendría tantas costuras.»

Cuando era muy joven, en el taller familiar, el sastre Joaquín Prades enseñó a Margarita la técnica: a picar solapas, enfrentar una manga o colocar una fornitura; pero no le enseñó a hacer patrones, sino algo mucho más difícil: a trabajar con la toile. Como hacía Pedro Rovira, el gran referente de la costura de aquellos tiempos, a quien la diseñadora menciona a menudo, aprendió a crear las prendas directamente sobre el maniquí, con las tijeras, los alfileres y un sencillo lienzo en crudo.

Técnica y artesanía son los cimientos de su obra. La técnica le permite convertir sus fantasías en piezas bellas y eficaces; la esmerada calidad de sus acabados dota a sus prendas del sello imperecedero de la costura.

Sus siluetas nacen de un alarde geométrico estrechamente ligado a la arquitectura. Riesgo y precisión superponen capas de tejido, parten chaquetas en dos, redibujan las formas del cuerpo. Contraponen rigor y fantasía. Feminidad y eficacia.

No es extraño que uno de sus referentes más admirados sea Gianfranco Ferré, otro diseñador arquitectónicamente preciso, como ella.

De su convivencia con el gran pintor Carlos Mensa, su marido, trasciende a su ropa un profundo conocimiento de la pintura y de la historia del arte. En el color se revelan los minuciosos matices que descubrió en el arte italiano, que le permiten colorear la silueta mientras crea trampantojos de luces y sombras, o el dominio atrevido de las mezclas entre gamas. En las formas hay un juego entre estricto y relajado, entre duro y blando, que tiene mucho que ver con la indumentaria histórica.

Su dominio de la costura está al servicio de la silueta: le permite crear nuevos volúmenes. Atrevidas asimetrías. Drapeados, pinzados, volantes que despliegan su rigor mientras flotan acompasados al cuerpo femenino y lo embellecen. Faldas que permiten y crean movimiento. Trajes sastre que rizan sus solapas. Gabardinas y abrigos con mangas y bolsillos que alteran la obviedad.

Original, con un discurso riguroso y personal que transita entre el sentido común y la imaginación desbocada, Margarita Nuez ha puesto su talento al servicio de reinas y guerrilleras.

Su mirada va mucho más allá de la moda. Sube y baja del cielo a la tierra.

Observa y analiza. Cuestiona y avanza. Como diseñadora, siempre ha pensado en las mujeres, de las que ha sido siempre aliada y cómplice en su enorme evolución.

Margarita Nuez pasa por una mujer contenida y seria, aunque en realidad esconde un alma libre, decidida, creativa y moderna.

ANNA VALLÈS

 

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